COLUMPIO ADULTO

20.05.2015 17:45

¿Sabes cuando ves a una persona preciosa, frágil, delicada, atenta, implicada, la más guapa, tierna, agradable, con la sonrisa más bonita, la piel más apetecible, el olor más envolvente, en resumidas cuentas: perfecta, única, increíble, que brilla entre cualquiera, y subes cualquier montaña con tal de verla, por empinada y abrupta y polvorienta que sea y por más apartada que esté, soportas cualquier carga, por mucho que te asfixie, te pones en la espalda todo su saco de mierda aunque huela a estiércol podrido y te deje la espalda hecha una L, porque vale tanto la pena eso que sientes, aunque la persona en sí no sea especialmente la más inteligente, ni especialmente aguda, ni especialmente divertida, ni especialmente cariñosa, ni especialmente especial, e incluso te haces la tonta para no desentonar demasiado, para no incomodarle, para que se sienta bien a gusto, pero sabes lo que te digo, no?

Que vas por ahí brincando como una cabra jovencita, oliendo flores en la calle con más tráfico y polución de la ciudad, llena de viejos con problemas de próstata sentados en bancos, viendo el sol en las vías del metro, diciendo sí a todo porque ay! es tan cosita, y me gusta tanto, y seguro que es que hoy tiene un mal día, o una mala semana, o es un mala racha, claro, sí, todos pasamos malas épocas, yo la primera aunque no me lo note, da igual, yo me lo como, que para algo me hace sentir tan atractiva y sexy, y la vidilla que yo tengo, oye, ¿qué es que la mayor parte del tiempo te dé lo mínimo, comparado con cómo me hace sentir de tanto en cuanto? Nada, pedigüeña, nada.

Sucede que estás tirándote en el sofá de sus manos, de decirte que eres una puta pesada, una insegura, una aburrida de la vida que no tiene más que pensar. Que jolín, ya te han dicho que todo va perfecto, que sólo es que estoy así, que me dejes un poco, que tengo mis cosas, que son nervios, estrés, que no sé lo que es pero algo que no te afecta, que ya se me pasará que aire por un tubo y pa´lante que va a ser todo a tope. Y justo cuando sonríes, habiendo hecho una ecuación más imposible que Rosario Mohedano tenga prestigio, sintiéndote al fin en paz para sentirte en paz... porción de camembert para tí.

Me encanta cuando te la dan con queso, porque siempre sucede cuando has parado máquinas, tirado todos los escudos, quitado toda la ropa. Es en un momento de ingenuidad infantil, has retrocedido 25 años mentales y es todo reluciente, blanco por fuera, azul arriba. Has dejado de ser una gruñona insatisfecha, te has convertido en una monería vulnerable y sonriente. Corre una brisa marina de playas vírgenes a tu alrededor que sólo te envuelve a ti, y va contigo sólo donde vas tú, porque estás en ella y ella dentro de ti. No te la quitan ni con salfumán. 

Ya has agotado todos los peros, aunque en el fondo no podías creerte ninguno porque la perfección de cuerpo y espíritu es lo que tiene, que si la ves ante tí tu intuición se aniquila al instante, o mejor dicho la invalidas ipso facto. A ti nadie te va a reventar esta fiesta en la que te has encontrado porque eres una tipa rematadamente suertuda (o así te sientes ahora, perturbada de los cojones), esta fiesta que parece infinita y en la que va a hacer buen tiempo hasta que te mueras. Esta fiesta en la que parece que te has tomado todo el ácido que llevaba la gente. Pero donde en verdad no hay nadie más que tu colocón: La fiesta del amor verdadero.

No no, nadie va a aguar este espejismo maravilloso, y tú misma menos so idiota, vas tú a ponerte sensata justo ahora, ¿dónde vas tarada? Y si para eso has de anular todo lo aprendido, ¿qué? Te mandas a tomar viento a ti misma un tiempo, que tampoco pasa nada, qué manía con estar a todas siempre.

Así que estás ahí, como en aquel columpio que te balanceabas de niña, superando una y otra vez tu propio record de altura, con todo el viento del verano en la cara, de repente, otra vez con toda la vida por delante, todos las ilusiones que te ves de nuevo capaz de conseguir, todo por hacer, la hierba creciendo a tu lado muy deprisa, como si al día siguiente se fuera a extinguir, algún escarabajo paseando a su rollo por la arena fina de ese lugar donde todo es posible otra vez, una abeja que se aleja y no piensa molestarte, una pelota ajena llena de dibujos que pasa bajo tus pies y nadie osa a coger, a interrumpir ese instante único.

Es media tarde, aún queda mucho para volver a casa y cenar. Te sientes bien cogida a las cadenas del columpio, estás a punto casi de despegar de lo lejos que ves ya el suelo.

Todos te están mirando asombrados. Eres la mejor.

Y entonces, ¡PUM!

Es todo mentira.

No huele tan bien, no es tan tierna, no es tan guapa. No era el espacio ni el tiempo.

Eran tus ganas, idiota.

Pero a ver quién llega tan alto.