CUANDO NO VALÍAMOS NADA

05.11.2015 18:17

 

Para que luego no se diga que no veo las cosas buenas, hoy empiezo con algo positivísimo que se nos da de lujo a casi todos y que, por supuesto, reparamos poquísimo en ello. Si reparáramos mucho en ello ya no sería extraordinario y yo hoy no tendría un truño de qué hablar. Pero mira, oye, algo teníamos que hacer bien, ¿no?

Y tanto. Y aquí estoy para asumirlo.

No es curioso que lo hagamos sin pensar, porque de reflexionar un poquito, pues mira, no nos saldría tan rematadamente bien ni lo haríamos tan a menudo. Lo que sí es curioso es que en esta cualidad generalizada que hemos adquirido de serie, no juegue un papel importante la inteligencia, la sensibilidad o el carácter. Curiosísimo, ¿eh que sí?. Manada de becerros.

Pero bueno, ¿qué es ese talento innato que tenemos casi todos? Os preguntaréis, o no, para fastidiar. Ya te lo digo:

El ningunear aquellos que aún no ha reconocido una buen puñado de cretinos que se apuntan siempre al carro de lo seguro: De lo seguro que lo peto siendo como los demás o seguro que lo peto siendo totalmente distinto.

Sí sí, a los extremos, porque al final todo se resume en petarlo fuerte, por el lado borrego o bien abogadodiablista. Porque ir a contracorriente también nos va, nos va mucho, nos da ese aire enigmático y profundo de quien se ha esculpido a sí mismo y sabe muy bien lo que quiere. Tener gustos extraños también nos hace independientes y lejanos, y nos encanta babear por gente así, interesante, ¿verdad? Claro que sí, subnormales.

Así que de vez en cuando nos convertimos en uno de esos snobs, a los que le gusta lo que le gusta porque a casi nadie le gusta, pero que otorga un plus de presunta dificultad, y a la postre de inteligencia, bagaje y sabiduría. Y al final el resultado es el mismo, porque no se discierne lo que vale por lo que vale, sino por el rédito que creemos nos puede dar a nuestra imagen. Qué hostiazo tenéis.

En fin, que pagan siempre los mismos, los que tenemos a mano:

Recientemente U2 hizo un concierto en el metro disfrazados de pedorros (más o menos lo que son) pero cantando sus propias canciones y nadie apenas se detenía a poner unos centavos. De pronto, se quitaron los disfraces y se hizo la multitud, dándolo todo.

Qué puta pena damos.

Vamos, es que es tener las cosas cerca, no digamos ya si son gratis o no nos ha costado nada de esfuerzo, y se nos encharca toda la corteza cerebral. No tenemos ni puta idea de cuánto vale eso tan accesible que tenemos, ya sea un empleado, un cuadro, un disco, un escrito o una persona. Y del mismo modo tendemos a sobrevalorarlo o a dudar de nuestra opinión si la mayoría lo ha ensalzado.

Cualquier red social es un gran e inmediato amplificador de ello. Pseudoconocidos en internet que necesitaron 50000 comentarios (asi se mide el tiempo en la red), 25000 pseudoplagios y toneladas de fe en su mediocridad, para que un día por fin se les difundiera toda la purria que corre por sus venas, convirtiendo en estupendo todo cuanto vomitan sin que nadie les chiste, ni explique porqué ESO vale la pena. Y cuando ya están lo suficientemente lejos de nuestro alcance, corremos a seguirlos porque deben ser la polla; como en el amor. Panda de masocas, lameculos, con un galaxia de vacío existencial como la mía, pero maquillada.

Sí, ya sé, el mundo es mundo, y este escrito biliar nos servirá con suerte de abrazo a unos pocos desubicados. Bienvenidos seáis, desgraciados míos, y ojo donde alzáis vuestra insignificante voz, si la muchedumbre no os ha encumbrado.

Alabada pues sea la mayoría y/o la minoría falsamente alternativa que se ha sumado una vez otros han hecho el trabajo sucio de valorarlo sin apoyos, al carro de eso: lo poco, lo escaso, “DE CULTO” (es decirlo y ya oigo un orgasmo francamente mayoritario).

Mi parte favorita de este cúmulo de despropósitos que provocamos con patética elegancia es que cuando alguien llega a algún lugar, lo que un porcentaje de retrasados llaman “ser alguien”, entonces se relamen con el trayecto de su vida en el que no fue reconocido, tuvo que luchar contra la indiferencia y la envidia. OOOH. Qué bonito. Flecha en el pecho.

Con esta maravillosa energía que nos envuelve, preguntémonos ahora mismo cogidos de la mano: “¿Con quién fui subnormal profundo?” O mejor, “¿con quién lo estoy siendo ahora?”

Ya sabemos que la autocrítica no es nuestro fuerte, pero quizás si no lo tomamos como un ejercicio para pensar antes que los demás y ser la pollita, pues igual sí.

Ni que sea por ego. Eso que no falte.